miércoles, 28 de septiembre de 2016

LAS CANAS NO SON COMO LAS CUCARACHAS


 Después de este título tan explicativo, queridas literaut@s, os preguntaréis ¿por qué las canas no son como las cucarachas? ¿Por qué a esta buena mujer se le ocurre tal comparación? La verdad que si alguna literaut@ me empieza a conocer o ya tiene el placer o la desgracia de hacerlo, sabrá cuan difícil es para mí siquiera, escribir la palabra cucaracha. Llamémosle repelús lo que siento por estos bichitos... o mejor bichejos. (Repelús que igual es miedo o fobia enfermiza del tipo escalofríos recorren mi cuerpo)
Poniendo las cartas, o las fobias, sobre la mesa, podréis llegar a entender como coño anoche se me ocurrió este post. ¿Quién en su sano juicio (nunca he dicho que lo estuviera), mientras intenta conciliar el sueño, piensa en las putas canas que asoman a su abundante cabellera y se le cuelan en el subconsciente las cuquis (ya no soy capaz de escribir la palabra entera)?
Pues yo. Y está meridianamente claro. Mi malestar al mirar esos pelitos blancos que despuntan aquí y allá, es proporcionalmente igual de intenso al ataque de pánico irracional que acomete mi cuerpo ante la visión de determinado insecto. Y he ahí que el subconsciente es sabio. Sabio, o un poco despistado y al sacar del cajón la imagen correspondiente confundió canas con cucarachas. Y no creo que estén juntas por la letra por la que empiezan. Creo que el subconsciente es más de ordenar en base a las categorías y no al abecedario. 
Y he aquí, ahora sí,  la respuesta a la pregunta. La explicación de la afirmación del título. Me vino a la mente el eslogan...y sí...las canas nacen, se reproducen...¡pero no mueren las jodías!
Se reproducen, reproducen, reproducen... Hay que joderse. 
 Pero morir no las matas ni queriendo ni sin querer. Con lo que avanza la ciencia y no pueden inventar algo. Un producto para hacerlas desaparecer. O al menos un decrecepelo. Sí, sí, para que no crezca tanto y tan rápido coño, que al mes ya tengo dos centímetros de raíz. Todo crecepelos, todo para los calvos. A ver..., qué me dan toda la peña del mundo los pobres, pero ¡¿no ven que no sirve para nada?!  Pues a diversificar las investigaciones científicas. Inviertan el proceso señores científicos. Aunque pensándolo bien igual ya está inventado el champú decrecepelo, pero por no crear una ecatombe económica tienen la fórmula mágica guardada bajo llave. Las peluquerías irían a la quiebra, y como hay tantas... ¡las colas que se formarían en el INEM!
¡Ay! (Suspiros de España por mis canas)
 Así que al final, anoche una cosa llevó a la otra, y me dormí pensando en cucarachas y no en cuadrar mi agenda para visitar a mi peluquera, ahora amenazada por los descubrimientos científicos. Pesadillas claro...eso es lo que he conseguido. Así estoy ahora escribiendo a las 7 de la mañana, porque un insecto se ha encargado de despertarme antes de tiempo y fastidiarme esos veinte minutos de gloria, en los que duermes y no duermes con la mano en el despertador.
Buenos días tengan queridas literaut@s...con canas o si ellas, pero siempre SIN cucarachas.

domingo, 28 de febrero de 2016

COCINA, EL MAR... Y MARTINA Y PABLO














Queridas literaut@s, de nuevo  necesito compartir mis libros especiales con vosotr@s. Y estos lo son, y mucho.
Abrir un libro de Elísabet Benavent, y abrirte a él, es como lanzarse a lo desconocido. No sabes con que vas a encontrarte al abrirlo, pero sí sabes que el vuelo no será sencillo y que te esperan unas cuantas turbulencias por delante. En este caso no iba a ser menos, y  ya me he vuelto fan incondicional de la autora por siempre jamás.

Para no llenar la reseña de spoilers, porque es difícil decir de qué va la historia sin decir nada que pueda estropear una futura lectura a alguien, intentaré centrarme en lo que los libros me han hecho sentir y no entrar mucho en materia. Solo dejaros claro que son dos libros que recomiendo mucho. 
La autora trata algunos temas delicados, como la maternidad y sus dudas y los desarrolla con una verdad tal, que toca muchas fibras sensibles. 

Martina es chef, una reina del control que tiene todo medido y controlado en su vida. Pablo Ruiz es un genio de la cocina. Regenta el conocido restaurante de El mar, y como todos los genios tiene un carácter complicado. Enamora y da miedo por igual. El resto no os lo cuento. Abrid el libro y leed. Ya os podéis imaginar si habéis leído algún libro de la autora, que abundarán los personajes secundarios inolvidables y que la historia no os dejará precisamente frías.Y es que los secundarios no lo son como tal, sino que cada uno tiene su puesto de honor en la historia, convirtiéndose en protagonistas en muchos momentos. Todos y cada uno de los personajes te roba una parte de ti, y a la vez te regala algo a cambio. 
Lo especial de Elísabet Benavent es la intensidad con la que dota a sus historias, sumado a las potentes y diferentes personalidades que otorga a cada uno de los personajes que aparecen en sus novelas. Es capaz de convertir lo cotidiano en especial y único, y tiene además la  habilidad de sumergirte en la historia haciendo que la sientas muy tuya. Tu eres Martina, Silvia, Lola, Amaia, Carmen...y un largo etcétera. Te funde con los personajes de forma magistral.  Con cada historia que nos regala me deja aún más tocada.

La semana pasada acabé Martina en tierra firme, la segunda parte de esta saga, con lágrimas en los ojos, tras un epílogo especial como lectora de todos sus libros, con guiños a otro de sus personajes importantes, Valeria, y que te deja con ganas de más. El final de la bilogía es genial, y  ahonda en muchos de los miedos más comunes de los seres  humanos. No deja herida sin hurgar. te toca todas esas teclas que hacen que te remuevas por dentro.  Si el amor de los personajes es más grande que el mar...estos libros también lo son.

La narración de Elísabet es  poesía. No puedes perderte una línea porque no sabes dónde estará escondida la siguiente frase especial.  En un pensamiento, en un párrafo, o en cualquier diálogo del libro encontramos esas palabras especiales que tocan nuestra fibra sensible. Que te encojen el estómago y te hacen levantar la vista del libro y suspirar.  Te cae el lagrimón y al minuto siguiente te estas descojonando de la risa. Sabe mezclar perfectamente humor e intensidad regalándonos un sinfín de momentos inolvidables. Quiero destacar que estos dos libros están redactados, como siempre en la autora, en una  narrativa reflexiva, escrita en primera persona, como aquel que le cuenta su vida a un amigo, dirigiendose al lector con confianza, y que esto le da un punto muy interesante a la trama.

Una vez más Elísabet Benavent nos regala a unos personajes que ya se convierten en nuestros amigos para toda la vida. Una historia plagada de amor y desamor, de humor, de realidad, de amistad... Dos novelas reales como la vida misma y que os animo a que leais literaut@s.

sábado, 20 de febrero de 2016

30+8


   Ha llegado el ocho. Tengo un ocho detrás del tres. Un 3 y un 8...o sea se 38. El reloj hace tic-tac, tic-tac. Me acerco irremediablemente a los 40. En un día como hoy, en el que me faltan 731 días para ser cuarentañera (que no cuarentona, me niego en rotundo), me temo que, también irremediablemente, todo cae...por su propio peso. Y no tiene solución, a no ser que haga un maratón de gimnasio o me contraten para la portada del wo-Men's Health como al Bertín Osborne, que en dos meses lo van a dejar más musculitos que a Supermán. 
   Todo cae, querid@s literaut@s. La cara, por ejemplo, y mis fabulosos pómulos. Por más que estiro la piel delante del espejito, el mío de mágico no tiene nada. Cuando la piel empieza a descolgarse...u optamos por quirófano y parecemos momias como la Lomana que no puede ni vocalizar, o nos resignamos y conformamos con la naturalidad de un perro pachón. Me molan los pachones, que queréis que os diga. 
Y las tetas... la ley de la gravedad también hace mella en ellas. Esos pechos turgentes de antaño han pasado a mejor vida. La lactancia, los embarazos y esa... manía... que tenemos algunas de rebotar de una 40 a una 46 y viceversa, como en un partido de Nadal-Federer, que no acaba nunca, hacen que: uno...lleve ya perdidas dos tallas de sostén, y dos...mis tetas están condenadas para siempre a no volver a mirar al frente.
    Todo cae, hasta esas cosas que dejamos en el tintero por los miedos, los propios y los de extraños. Al final las cosas caen por su propio peso. Si uno es un ladrón, al final la policía lo pillará robando; si uno es escritor, las musas lo pillarán escribiendo, más tarde o más temprano. Y estas cosas...sí que es mejor que caigan...no como las tetas. 
   Así que, si estoy en la cama, como ahora, y me sobrevuelan estas ideas por la cabeza... Si tengo que levantarme a coger lápiz y papel, porque el cosquilleo de pies no me deja dormir... si me pilla la inspiración y necesito contar, decir, hablar... ¿¿¿¿¿eso significa que soy un poco (o un mucho, que luego mi profe me riñe por no valorarme lo suficiente) escritora???? RECTIFICO.....Es una afirmación. Eso significa que soy escritora. A veces no me lo creo. A veces saboteamos nosotros mismos lo que queremos hacer o conseguir. Porque da más miedo conseguirlo, que fracasar en el intento. Porque incluso cuando todo sale como uno espera, la vida cambia, nuestro alrededor muta, se transforma, y eso asusta más que decepcionar a los demás y a uno mismo. Estamos más cómodos en nuestra zona de confort, calentita, cómoda y a veces llena de mierda. Porque es nuestra mierda, la que conocemos. 
Hago público mi propósito de salir de mi zona de confort en más ocasiones, de lanzarme al vacío, de no pensar tanto, de dejarme ir en el papel, de mostrar al mundo como soy para que me conozcáis y de paso conocerme yo, yo misma y mis 38.
El reloj hace tic-tac, tic-tac. Y el mío no es biológico (ese ya lo he pasado de tuerca). Es ahora cuando me toca dar cuerda de nuevo a ese reloj que ha estado parado durante años. Engrasar la maquinaria de los sueños, los propósitos... Puede que lo que escriba no se publique jamás. Puede que solo vosotr@s seáis mi fiel público, querid@s literaut@s (que ya es mucho). Pero voy a escribir. Para que todo caiga por su propio peso. Porque tengo 38, y soy...eso....escritora.

viernes, 1 de enero de 2016

¿CÓMO QUE A QUÉ HUELEN LAS NUBES?



¿Como que a qué huelen las nubes? Niña Peña Pitarch
"Cuatro hermanas separadas por las circunstancias y en un momento decisivo de sus vidas, se reúnen para cumplir con la última voluntad de su madre. Ser llevada junto a su amante en un acantilado de Escocia.En el viaje se reencuentran unas a otras, acaban de dar sentido a sus vivencias, toman nuevas decisiones importantes y se reconocen a si mismas como personas, como hermanas y como mujeres."

  Me encantan los libros escritos en primera persona, y, de hecho me encanta escribir en primera persona, como confeccionando un diario de mi vida, que es la vida de mi personaje. Así puedo ser la puta, la santa, la amiga loca, la madre, la hija... Puedo ser muchos yos y ponerme en el lugar de otros con más facilidad. Nina Peña ha contado la historia de sus personajes en primera persona, como si cada una de las cuatro hermanas protagonistas escribiera un diario personal. Las narraciones se alternan y se suceden con el transcurrir de los capítulos, y las cuatro van relatando sus vidas, sus miedos, se abren al lector@ en canal, mientras la historia avanza paralelamente a su transformación personal. Por unas u otras razones, las protagonistas se encuentran en una encrucijada de sus vidas. Todas se enfrentan a la pérdida y reaccionan ante ella de forma distinta. La pérdida del trabajo. La pérdida de un matrimonio idílico y una vida glamurosa. La pérdida de la seguridad que da tener dos casas, un marido y unos hijos, aunque no sea suficiente. La pérdida de la propia autoestima y el temor de no recuperarla. La pérdida de un amor de los buenos por no saber mirar a los ojos al puto miedo. Y juntas se enfrentan a una pérdida común: la muerte de su madre.
  Pérdidas. la vida está llena de ellas, ¿no os parece? Y son necesarias. Es necesario que se nos caiga la vida, y nosotr@s con ella, para poder rehacernos. Como escribe Eloy Moreno en El Regalo "es necesario que [la vida] se rompa en mil trozos para que, en el momento de recogerlos, sepamos cuantos debemos dejar en el suelo abandonados" 
  Cuantas vidas se construyen sobre cimientos equivocados. Cuantas decisiones se toman por convencionalismos sociales,  por lo que opinan los demás, por miedo o por motivos erróneos. ¿Podemos construir nuestra vida sobre cimientos tan frágiles? Un hilo muy fino nos sostiene y nos guía. Es más fácil dejarse llevar, pero más valiente cortar el hilo y hacer lo que realmente uno quiere ... si se consigue reunir el valor de mirar en el interior de uno mismo y averiguarlo. Nuestras protagonistas, Espe, Fe, María y Pity, deben mirar dentro de si mismas, conocerse, redescubrirse..., poder sacar las tijeras y cortar ese hilo fino que las sujeta a la vida que deberían tener, para buscar la vida que de verdad quieren tener.
  Como lector@s, somos testigos de su renacimiento como mujeres nuevas y nos vemos reflejad@s en ellas. Su historia te atrapa, te remueve, te hace plantearte cosas...te toca el corazón. 
Después de terminar este libro, hay en mí un poquito de las cuatro. Deseo dedicarme a escribir más, como María. Veo que debería trabajar menos, como Pity. Sé que tengo que alimentar con mucho amor una relación de muchos años, como Espe. Y que los bienes materiales no me hacen tanta falta, como bien comprueba Fe.
  Esto es lo que convierte un libro en un buen libro. Éste ya está en mi cabecera, y apunto a su nobel autora en mi lista de preferidos. Os lo recomiendo literaut@s.




sábado, 19 de diciembre de 2015

FELICITACIONES, NUEVOS PROPÓSITOS Y JORNADA DE REFLEXIÓN.



He recibido esta bonita caja de madera, deseándome un feliz y lento Año Nuevo 2016. Dentro, un caracol, un símbolo de lentitud por los siglos de los siglos. Y, junto a el simpático caracolito rosa, una felicitación navideña especial, un mantra, una petición, un deseo de que se cumpla...



No tiene pinta de felicitación navideña, ¿verdad? No lo parece..., casí ni lo es. Al menos, no una de las típicas. Esas tan manidas, con frases que nos sabemos de memoria, que casi se escriben solas. Pero antes de seguir, querría que la leyeráis...con atención...


Sé que esta felicitación tan especial, será el resultado de una cara campaña publicitaria, muy bien confeccionada por unos cuantos publicistas, que pretenden removernos por dentro, apelar a nuestra sensibilidad interior, a nuestra ñoñería navideña, mientras ellos están comprando regalos carísimos de última tecnología a sus hijos, para compensar esas horas que no están. Sé que lo único que pretenden es que venda mejor sus juguetes, que crea en sus palabras, que aún siendo verdaderas no sé si podré cumplir, con el reloj acelerado por el que regimos nuestra vida. Sé que apelan a mi propia culpabilidad como madre que no pasa todas las horas que querría con sus hijos. La misma culpabilidad que ellos sienten; la que les ha inspirado para felicitar la navidad a los clientes de su empresa. Y no sé si me va a hacer comprar más, o vender más y mejor sus juegos. Lo que sí ha conseguido, aunque sea por un instante, es pensar en mis propósitos de año nuevo. Y que , junto al de todos los años de dejar de fumar_ que no sé cuando cumpliré_, y a los siempre utópicos de dedicarme más tiempo a mi misma y ser más feliz, añada a la lista el de querer vivir más despacio. Sí, yo también deseo un Lento Año Nuevo, en lugar de próspero. Que nos sentemos más con los nuestros, que compartamos momentos de no hacer nada, de dejar la plancha para luego, de ya lo haremos mañana que ahora vamos a jugar con los niños. Será difícil salir de la rutina, que es como un bucle, un agujero de gusano que te engulle y te atrapa a toda velocidad: casa, cole, trabajo, corriendo a casa de nuevo, comida, merienda, al cole de nuevo, deberes, trabajo, lavadora, duchas, cenas y llegar al cuento de buenas noches con ganas de que te lo cuenten ellos a tí.
Las navidades son fechas nostálgicas, en las que nos invade un sentimiento de tristeza por el año pasado, por los seres queridos que ya no están, por los sueños y propósitos que hemos dejado de cumplir de nuevo...pero también son fechas de ilusiones renovadas, de nuevos propósitos. A final de año hay que parar, respirar y tomarse una jornada de reflexión, como con las elecciones. Repasar el año caducado y hacer balance, plantearnos si vivimos la vida que queremos, con quien queremos y como queremos. Y hoy, gracias a esta felicitación navideña me ha tocado jornada de reflexión a mí. Aquí estoy, trabajando, deseando que el reloj toque las ocho para compartir una cena caótica de sábado por la noche con mi familia. Prácticamente la única noche de la semana que cenamos juntos los cuatro y hoy pienso disfrutarla. Hoy me dan igual los codos en la mesa, los eructos y los manchurrones de ketchup en la pechera. Hoy hago el propósito de disfrutar de la cena, con calma, dejando los platos para luego, compartiendo luego el café con mi marido....y ya fregaré mañana.

Feliz y Lento Año Nuevo literaut@s...



















viernes, 25 de septiembre de 2015

ADIOS A LA RESACA POST-VACACIONAL, ¡HOLA OTOÑO!


Septiembre. Otoño. Ha llegado la rutina para quedarse. La vuelta al trabajo, al cole y a ordenar armarios. Qué gustazo. . Habéis leído bien, ¡qué GUS-TA-ZO! ¿Qué pasa? Me encanta la ropa de otoño. ¿Es que soy la única que necesita vacaciones de las vacaciones? Porque mucha playita y mucho relax..., ¡y una mierda! Con nombrar el tándem niños-playa ya sabéis lo que quiero decir. Y aquí la edad me pesa, porque yo hace veinte años sólo necesitaba una mochilita y la toalla para pasar el día a la orilla del mar, y ahora, ¡oh my God!, casi que tengo que preparar la maleta.  Y entonces, cuando a mitad de julio ya no puedes más, es cuando (aún tirando de tarjeta de crédito o del COFIDIS), lo envías todo a rodar, y decides hacerte un viajecito para desconectar. Pero...¡otra mierda! El estrés ya empieza con hacer el equipaje en cuestión. Si organizar la bolsa de playa y no dejarse la crema solar pantalla total es difícil, imagina meter en el menor espacio posible (los maleteros no son infinitos y la facturación en el avión menos), ropa y enseres para todas las inclemencias que se nos puedan presentar. El tiempo, hasta en agosto, es traicionero, así que hay que contemplar la posibilidad de que las isobaras se alíen con la ley de Murphy, y caiga la gota fría. A la lista variada de estilos de vestir por si vas de fiesta, por si refresca, por si montaña, por si playa, por si, por si..., hay que sumar el por si todo sale mal y se nos jode el tiempo del todo. Todo ello sumado a zapatos y complementos a juego con cada conjunto. Y encima cuando consigues cerrar tu maleta...aún faltan las de tus acompañantes, hijos y cónyuge para ser exactos. 
¡Uffff! Después del viaje en cuestión, en el que no descansas nada a causa del síndrome de Vamos a ver cuantas más cosas mejor, llegas a casa y hacen falta tropecientas lavadoras, una montaña de plancha y tres mil horas para volver a la normalidad. Sólo de escribirlo estoy cansada. ¿Desconectar?  Yo lo más que he desconectado este verano es el móvil. Y tampoco. O sea, que miento. Que estoy demasiado enganchada a las redes sociales y a decenas de blogs que siempre comparten newsletters interesantes que no puedo dejar de leer, como para apagar el teléfono o la tablet, a no ser que esté durmiendo, y ya sabéis que yo duermo poco.
Por todo ello, voy a gritar a los cuatro vientos... ¡Bienvenido septiembre!, ¡Viva la vuelta al cole! y ¡Encantada de volver a verla, señora Rutina! Y puedo afirmar con rotundidad que nunca más vuelvo a irme de vacaciones al estilo domingueros viajeros (o por lo menos hasta que se me pase el efecto de esta terrible resaca post-vacacional), a no ser que tenga un imprevisto GORDO, GORDO, MUY GORDO, de los de la Lotería.



Uno de esos imprevistos sí que me permitirán viajar a todo lujo a lugares exóticos imposibles, siempre con la correspondiente vacuna contra el síndrome mentado más arriba, que te garantiza viajar con garantías de salubridad, cocktail con sombrillita y cama king size en la suite presidencial (y una niñera inglesa con cuello almidonado y paraguas mágico para llevar a los niños de paseo por los tejados mientras mi marido y yo hacemos cochinadas)
Como hay más posibilidades de que me atropelle un camión, que de que me toque la lotería (sobretodo si no juego) y ya no digamos de que Mary Poppins aparezca cantando supercalifragilisticoexpialidoso, voy a poner los pies en el suelo y a ser realista. Voy a esperar a hacerme rica con este blog y a convertirme en una afamada escritora a lo Carrie Bradshaw recorriendo las calles de Nueva York, París y Londres y, por supuesto viajando a destinos exóticos como Kuala LumPUR o SingaPUR. Eso sí que relaja : SOÑAR. Porque lo más cerca de lo exótico (y de cualquier lugar acabado en PUR) que estoy ahora mismo es del AmbiPUR aroma zen que acabo de enchufar en mi salón. Mi salón, ese lugar de recogimiento, de relax y descanso, de complicidad y arrumacos...ahora que los niños tienen cole. Como en el anuncio de ciertos grandes almacenes...
                                   ....Ya es otoño...en casa de Carrie y Mr Big.
              

PD: Vaaaaleeeee...querid@s literaut@s...ni yo soy Carrie ni mi chico es Mr Big (aunque a partir de ahora lo voy a llamar así, mira por donde...) A mi me falta la nariz de loro, el estilazo para combinar trapos de su padre y de su madre y que queden bien, y un zapatero lleno de manolos. A mi partenair le falta básicamente pelo, un chofer/mayordomo/lameculos llamado Ambrosio, y visitar más la sastrería. Pero como Si Sueñas...Loterías...
                                                                                                              ...pues soñemos tod@s. 


domingo, 6 de septiembre de 2015

ADIOS VERANO, HOLA DIETA...







Bueno, bueno, querid@s literaut@s, el frotar se va a acabar, a otra cosa mariposa, sefini, caput...vamos, que a tomar por culo... el veraneo. Acabado el mes de agosto, se van diluyendo como azucarillos los helados, la playita, el café granizado en la terraza mientras corren los niños despendolaos, y la bendita media jornada, que te permite pasarte las tardes a la bartola, aunque, eso sí, asfixiada de calor y devorada por mosquitos de toda índole, sean autóctonos, tigres, leones o su puta madre. Así pasamos las tardes de verano las madres: entre mosquitos, crema solar, saltos de trampolín en bomba, chichones y betadine, consecuencia del que inventó las dichosas bicis sin ruedecitas. 

Pero, como alguna ventaja tiene que tener ser madre en estas caóticas tardes de verano, nos podemos deleitar con uno de los placeres que perdemos con la edad. Una de esas cosas que disfrutamos cuando somos niñas, y que luego vamos evitando porque no debemos, porque todo se coloca en el mismo sitio o por la operación biquini, postnavideña o la que sea. La cuestión es joder la marrana y que no podamos comer lo que queramos. Y ahí es donde las que somos madres tenemos la superexcusa para relamernos y no dejar ni una miguita de... las maravillosas sobras de la merienda de nuestros retoños.
Estamos en crisis y hay niños en el mundo que no tienen ni para comer. No puede sobrar nada de nada. Pero ¿Por qué creéis que han aumentado la venta de donuts, croisants de chocolate, napolitanas de crema y bollicaos? Porque nos hacemos cómodos, por no esforzarnos en hacer un sencillo bocadillo, porque cedemos ante las peticiones de nuestros hijos...Puede que también. Pero yo creo que nosotras y nuestra gula por el chocolate también tiene que ver. Yo empiezo el mes cuidando mi dieta y la de los niños haciendo propósito de merendar comida sana: bocadillos variados, zumos naturales y vasitos de leche. Pero siempre llegan esos días del mes, en los que me muero por el chocolate, y como "yo no compro nada de eso para así no comérmelo, solo de vez en cuando para los niños...", pues pasa lo que pasa. Acabo en el super asaltando la sección de bollería y devorando las sobras de la merienda de mis hijos con desesperación. Y quien dice merienda, pues dice el polo que se derrite, el helado de postre o la horchata fresquita que pobrecito ya no se puede acabar.
El verano es criminal. Veis como la operación biquini no tiene sentido. Solo sirve para ponernos el biquini la primera semana de verano. Una vez nos relajamos ya nos da igual la tripita o si nos rechinflan las chichas del culete. Y se abre la veda para zamparse todo lo prohibido. Eso sí, siempre que sean sobras de nuestros pezqueñines. Si vamos a la heladería no procede pedir una copa de tres bolas con sirope de chocolate. Nosotras un cafecito con hielo y sacarina. Las tres bolas que se las pida el niño..., Tres bolas o cuatro, pero aseguraos de que sobre...
Y, ¿adonde quiero llegar yo? Pues al momento actual: SEPTIEMBRE, y la consabida operación otoño. Ahora me jodo y a empezar nueva dieta: la de la piña, la del cucurucho, la de duncan...du, yo que coño se, pero luego busco en google y me imprimo una para pegarla con imanes a la nevera y...¿seguirla? Esperemos que sí. Lo peor de las dietas es el hambre voraz que pasas. Cuando se te retuerce el estómago y oyen tus tripas a diez metros a la redonda, es cuando te entra la desesperación. Como tengo una amiga psicóloga, ginecóloga y ahora restauradora que además, por desgracia, es experta en dietas, le pregunté el otro día que podía hacer para sobrellevar mejor hacer dieta y pasar hambre. Me ofreció una técnica psicológica supercientíficamente probada: VISUALIZACIÓN. ¿En que consiste? Es muy sencillo. Tengo un hambre que me comería un ciervo entero...pues voy a visualizar que me como una tortilla de patatas. Visualizo en mi mente como corto las patatas, las frío a fuego lento, bato los huevos y hago una tortilla gordita y jugosa por dentro. Y luego visualizo la tortilla deshaciendose en mi boca y me la zampo más agusto que un arbusto...en mi mente. Esta comprobado que la sensación de hambre desaparece, porque engañamos a nuestro cerebro. Yo no se si funcionará pero pienso empezar a ponerlo en práctica. Esta tarde, sin ir más lejos, mientras me comía los restos de un calipo de fresa de mi hijo, ha pasado un cochazo, que ni siquiera sueño tener en la vida, y el pequeñajo me suelta: "Mamá, yo quiero que compremos ese coche" Y yo le he contestado: "Pues visualízalo, visualizalo cariño...a ver si mañana lo tenemos aparcado en la puerta"

Buenas noches querid@s literaut@s...y ¡prohibido comerse los calipos!