Mostrando entradas con la etiqueta escribiendo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escribiendo. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de febrero de 2017

TE VOLVERÍA A LLAMAR...AMOR


Paseo al abrigo de su abrazo. Me refugio de la brisa marina pegada a su costado, rozándose nuestras piernas al caminar. Tengo las manos frías como el hielo, ateridas por el frío, y él me las calienta, frotándolas entre las suyas. Me acerco aún más a su cuerpo y seguimos paseando. Y me da igual el frío viento del mar, el pelo que me da en la cara, los niños que nos reclaman para que juguemos con ellos... Por un momento somos él y yo dentro de una película romántica, donde la música suena y los protagonistas pasean, se abrazan, se miran y ríen. Y todo y todos a su alrededor son testigos de que algo surge entre ellos, de que se quieren, de que están enamorados. Y, solo por un momento, soy capaz de ver lo que tengo. Lo que tenemos es tanto... Tantos años juntos, dos hijos y nosotros subidos en esta montaña rusa que llamamos vida y de la que no quiero bajarme.
Paseo al abrigo de su abrazo. Le acaricio la cara y no le digo que le quiero, pero lo pienso. Y él me mira porque lo sabe, y me besuquea bromeando sobre darse el lote...como hacíamos hace veinte años, cuando me daba igual que vieran mi alma desnuda y vulnerable. Cuando me daba igual mostrar lo que le quiero. Así que hoy que paseo entre personas anónimas, fuera de mi ambiente y de mi gente, voy a fingir que no somos nosotros, que acabamos de empezar... porque lo que importa es, en realidad...que siempre, siempre...te volvería a llamar. ¿Y tú, amor?

martes, 11 de agosto de 2015

ALICIA ¿EN EL PAÍS DE QUÉ?

Escribiendo y compartiendo con vosotr@s
(...)Nos tomamos otro café en una cafetería muy literaria que habían abierto hacía poco en la misma calle. Me quedé maravillada con el sitio. Una decoración vintage con muebles decapados y un caótico mosaico de diferentes papeles pintados en las paredes. Apliques antiguos en las paredes y una lámpara de araña colgando del techo del salón principal. Los libros cubrían las paredes y ocupaban las mesas. Parecían olvidados por sus dueños, pero habían sido depositados con mimo, quizá para darles la oportunidad de ser leídos y ojeados por esos clientes, que olvidando por un instante las prisas, se deleitaban con un café y unas cuantas palabras.
En el momento en que traspasamos el umbral, inundó mis fosas nasales un aroma a café y a papel, y me sentí cómoda de inmediato. Y cuando se acercó a tomarnos nota la dependienta, que luego supimos que era la propietaria, ya supe que podía llegar a ser mi lugar favorito en el mundo. Lola era una mujer cincuentona, con el cabello rojo fuego, una indumentaria muy colorida y las muñecas llenas de pulseras de cuentas de colores. Se la veía muy alegre y charlatana, y de inmediato nos dio conversación. Era lo que me faltaba para adorar aquel lugar. Una propietaria encantadora, litros de café y montañas de libros para ojear o comprar…aquello era el paraíso para mí. Y más en aquel momento, que estaba tremendamente sensible y más introspectiva que nunca. Disfrutar de la soledad era en esos momentos mi objetivo principal, y me hice el propósito mental de acudir dando un paseo todas las mañanas para tomar un café y leer un rato en aquel entorno tan idílico y al mismo tiempo territorio neutral, sin recuerdos, reproches ni dudas. El Café Alejandría se acababa de convertir en mi Suiza particular.

Durante las siguientes dos semanas a parte de una visita para comer con Susana y Paco en su casa y dar un achuchón a mis gemelos favoritos, me dediqué a mi misma, a mi casa y a darle vueltas a la cabeza. Creo que estuve un poco meditabunda en aquella comida y debí dejar preocupada a Susi, porque aunque inventé mil excusas para no salir con ellas los días siguientes, no sirvió de nada. Es que tengo la regla y un dolor de ovarios que lo flipas, es que estoy sin depilar y parezco Macario, es que he dormido mal y me duele la cabeza…y un montón de esques más, que ni de lejos iban a convencer a mis dos amigas para que me dejaran en paz con mi soledad, sino todo lo contrario: se plantaron en la puerta de mi casa para autoinvitarse a unas cervezas. Y como sólo tenía un limón mustio, una bolsita de ensalada y dos yogures pasados en la nevera, bajaron al super de la esquina a por vino, cervezas y dos bolsas de papas e hicimos una sentada en el sofá.(...)
Esto va creciendo y ya es real...catorcemil palabras y creciendo...

miércoles, 10 de junio de 2015

ALICIA...Y SANDRITA


Noche de escritura...
(...) a Sandrita encima los hombres que le entran son estupendos. Yo creo que los feos ni lo intentan, porque Sandra tiene ese aire de inalcanzable que ya se huele a distancia. Y a pesar de ser de lo más campechana_ tanto que a veces es hasta escatológica_, los tíos normales la deben ver fuera de su alcance, porque a su alrededor los moscones que la sobrevuelan son siempre del más alto nivel. De esos que ya querría yo que me dieran un vuelecito, aunque fuera un vuelo rasante sólo de pasada. Sandra tiene tanta seguridad en sí misma que te deslumbra. Y es guapa. Tiene el pelo ondulado rubio oscuro, la nariz pequeña, los pómulos marcados, y unos ojos medio azules, medio grises, preciosos. Es alta y siempre ha estado delgada sin hacer más esfuerzo que los tres días a la semana que sale a correr. Que conste que habla mi envidia…porque la tía se pone cerda a beber y a comer y nunca engorda ni un gramo. Sí, Sandra es una chica bonita y atractiva; pero aunque no lo fuera tanto, creo que seguiría deslumbrando y le seguirían lloviendo hombres a cubos, porque es ese convencimiento suyo de que es feliz, de que hace lo que quiere y cuando quiere, sin importarle un pepino lo que piense ni diga nadie, lo que la hace tan atractiva a la mirada de los demás. Y digo a la mirada y no a la vista, porque a Sandra cuando se la ve, se la mira, y con atención. Si va con su traje chaqueta, el tío que está sentado en la mesa de enfrente en la cafetería, está deseando quitárselo; y si sale a romper la noche con pitillos ajustados que yo no tengo aspiración de poder ponerme nunca ni en mis sueños, subida en unos tacones imposibles y con un escote de infarto…pues…eso, que ya no te queda otra que ir recogiendo babas por ahí a su alrededor. Y ella como si nada, oye. Parece que puedo oír a Susana, que es un pelín mojigata cuando quiere… 
_Sandra, hija, podrías ir más discretita…que vas enseñando toda la pechuga. 
_¡Ay! Susi, hija mía, que sor que eres a veces. Para enseñar toda la pechuga tendría que sacarme una teta, aquí en medio del pub, y yo de momento aún no enseño pezón…
Con este retazo de historia, os presento a un nuevo personaje, que todavía estoy construyendo. Bueno, más bien se está construyendo solo, con historias de aquí y de allá. Si tenéis una amiga como Sandra, o conocéis alguna aventura o desventura divertida que penséis que le iría como anillo al dedo a la amiga más loca de Alicia, podéis enviarme vuestros comentarios por correo, comentar en el blog o en la página de facebook. Me encantará poner un trocito de vosotr@s en mi...¿libro? ¡Coño, qué miedo me da decirlo...! Gracias y buenas noches literaut@s.

jueves, 14 de mayo de 2015

ALICIA...Y UN LIBRO EN LAS BRAGAS


   




  Después de muchos días y semanas...de sequía, sigo contando, escribiendo, puliendo, corrigiendo...la vida de Alicia, ese personaje que surgió a partir de un pequeño relato y que va creciendo y tomando forma a medida que lleno páginas en blanco. Ese personaje que tiene parte de mi misma, de mi amiga, de mi vecina, o de la dependienta de la tienda de la esquina. Para compartir su vida con vosotr@s, literaut@s, os dejo un trocito... ¿del libro? No sé lo que será ni en lo que se convertirá algún día, pero ahora mismo ES, sin más. Y de la misma forma que me hace feliz crearlo, me hace feliz que podáis leerlo.  
"(...) El día que lo conocí a Él, con su elegancia, sus exclusivas gafas de montura de pasta e irradiando inteligencia mientras firmaba un libro tras otro en la mesa que yo había preparado junto a la sección de narrativa española, me di cuenta de que mi vida podía haber sido más como la suya. Con sólo tres años más que yo, y nacido a dos manzanas de mi casa estaba promocionando su segunda novela y dejando encandilados a todos los presentes, sobretodo a los del género femenino_ incluida yo misma_ rezumando estilo y escribiendo frases ocurrentes a diestro y siniestro. Sin pensarlo, y a riesgo de que mi jefe se me tirara al pescuezo, cogí un ejemplar del mostrador y, con todo mi morro, aprovechándome de mi horrible uniforme de trabajadora y desoyendo las protestas de algunos, me colé entre la gente que esperaba pacientemente a que la nueva revelación castellonense de la narrativa española, con una caída de pestañas de impresión, les mirara con sus ojos negros y les preguntara el nombre, para estampar su rúbrica en el libro que acababan de comprar por el módico precio de veintidós con noventa y cinco. Yo también disfruté de la visión de aquel ejemplar, y no estoy hablando del libro precisamente…, y aunque no me lo creía ni yo, aún disfruté más del café, la cena posterior, las copas y lo que surgió después. Quien me iba a decir a mí, una humilde trabajadora del gremio librero, que iba a alternar con todo un señor escritor como Ramón Jáuregui, y que conocerle iba a cambiar mi vida por completo.
Me desarmó por completo con su físico de impresión, su ingenio y su labia. Hay que reconocer que su manera de entrarme fue decidida y terminó de deslumbrarme. No hubiera sido tan interesante si se hubiera limitado a un soso ¿nos tomamos un café? No, Ramón fue más original e inesperado. Ya he dicho que me colé discretamente, y cuando llegó mi turno, estaba nerviosa, en parte, tengo que reconocerlo a riesgo de parecer de lo más superficial, por ir vestida con el dichoso uniforme. No me hacían justicia ni la sosa falda azul marino con largo del siglo pasado, ni la camisa verde, ni la chaqueta de punto también azul. Era una piel en la que no me hubiera sentido yo ni con veinticinco ni con cuarenta. Si me siento guapa, puedo pisar fuerte por la calle y por la vida, voy con la cabeza bien alta y más segura de mi misma. Es una gilipollez pero para que negar lo evidente. Y yo ese día, con todo el trabajo que habíamos tenido con la dichosa presentación del libro, por no llevar, no llevaba ni el pelo bien hecho. Me coloqué nerviosamente un mechón que se escapaba rebelde de mi coleta y me alisé la falda con las manos, incómoda con mi indumentaria. Cuando me miró fijamente a través de sus gafas de pasta me quedé medio embobada. Aliciaaaa, dile tu nombre por Dios que pareces medio lela. Menos mal que reaccioné, un pelín tarde…eso sí, pero las palabras salieron de mi boca. Me llamo Alicia…Aunque él, por supuesto, se dio cuenta de mi turbación, porque esbozó una media sonrisa, y le brillaron los ojos con sorna mientras me dedicaba el libro. Un gracias susurrado por mi parte, cogí el libro y, mientras me alejaba de la cola, me lo escondí rápidamente en la cinturilla de la falda, sujetándolo con el elástico de las bragas, y abotonándome de arriba abajo la chaqueta de punto para ocultarlo bien. No creáis lo que no es, pensaba pagarlo luego, pero si mi jefe me veía con el libro en las manos, y con lo mal que yo miento, me armaba la marimorena. Me moría de ganas de leer la dedicatoria que me había escrito, pero tuve que ponerme a atender a un cliente, y luego a otro, y a otro… Al menos mis comisiones del día fueron buenas. Pero yo por ahí correteando con la novela de Ramón Jáuregui metida en un sitio de lo más incómodo. Cuando no se me subía al caminar y tenía que disimular como si me estuviera rascando o que se yo, me clavaba las esquinas al agacharme a coger algún ejemplar de la zona baja de la estantería. Vamos que al final era más la desesperación por sacar el libro de mis bragas que las ganas de meter a su autor dentro de ellas.(...)"

lunes, 16 de marzo de 2015

ALICIA... ENTRE NEONES


Beita literaut@ escribiendo...
"Los dos primeros años fueron un fiel reflejo de nuestro primer encuentro: él era el sol y yo el planeta que orbitaba a su alrededor. Me adapté totalmente a mi papel en aquella relación como se ciñen las medias a la piel. Y eran unas medias de esas con refuerzo que mantienen el michelín bajo control. Sólo que era mi propio yo lo que estaba bajo control(…). Me equivoqué. Y ¿sabéis qué pasa cuando te equivocas de talla de medias? Que son demasiado ajustadas, acaban por romperse y van derechitas sin remedio a la basura. Nuestra relación también era demasiado ajustada. Ajustada a su trabajo, a su casa, a su gente, a su vida. Y no se puede ir siempre tan apretada porque es malo para la circulación.(...)
 Y por eso aquel día allí estaba yo, en la terraza de nuestro ático de la Gran Vía, fumando un cigarrillo tras otro, rodeada de luces de neón, y apoyada en la baranda de piedra observando absorta la pantalla publicitaria de Callao, y dándole vueltas a la cabeza. Aquel día…, viendo el humo ascender hacia el cielo madrileño, me di cuenta de que había sido tal mi deslumbramiento y mi enamoramiento por él, que sencillamente me había limitado a vivir su maravillosa vida, y me había olvidado de construir la mía.(...)
 Me quería a mí misma demasiado para seguir anulándome de esa manera. Así que, cuando oí la llave en la cerradura, cogí aire profundamente y aguanté la respiración, antes de levantarme y acercarme a él con el tenemos que hablar prendido de mis labios."

Aquí tenéis un retazo de mi historia. Y os dejo la imagen que mantiene absorta a Alicia desde el ático, mientras intenta desenredar el hilo de su vida. ¿Por qué compartirlo con vosotr@s literaut@? Porque la escritura es como la vida: siempre es mejor si puedes compartirla.

martes, 24 de febrero de 2015

Escribiendo...Alicia y las estrellas

 Escribiendo un rato...y compartiéndolo con vosotr@s.
" La casa se me caía encima. Muchos cambios en tan poco tiempo. Muchas decisiones pesando sobre mis hombros, esperando a que las guardara en el cajón correspondiente: el de las correctas o el de las equivocadas. Salí al balcón ante el primer ahogo provocado por la ansiedad,  y me asomé a la noche para fumar compulsivamente, como si  la nicotina fuera a calmar mis ánimos. La noche estaba despejada aunque el silbido del viento alteraba la calma. Fue el viento el que azotó mi pelo e hizo revolotear papeles y restos de basura en la calle, el que me hizo abrazarme el cuerpo con los brazos. Pero no fue el viento el que me hizo sentir más frío. Alcé la vista al cielo cuajado de estrellas y la visión me resultó aterradora. Imagino que cada persona verá en las estrellas cosas diferentes: la existencia de un ser superior, un ser querido que nos protege desde allá arriba, la inmensidad del universo... Pero yo aquel día sólo veía cientos de miles de ojos que se cernían sobre mí, acusadores, esperando respuestas que no tenía: ¿Qué vas a hacer ahora con tu vida, Alicia?"
     Gracias por leerme literaut@s  y ¡feliz martes!